Paseo al centro de Vallecas.

Con este título con referencias a Julio Verne, aunque el centro de Vallecas no sea el centro de la Tierra ni mucho menos. Dimos un paseo, eso sí cuesta abajo y a favor del viento para reconocer los lugares que hacen de Vallecas un lugar especial, sobre todo para las vallecanas y vallecanos.

Comenzamos mirando a Madrid desde arriba, viendo los rascacielos cara a cara desde la lejanía del mirador de la torre de San José. Un mirador para observar los plátanos que nos tapan Madrid.

Un lugar lleno de asociaciones, de vivencias comunes y solidarias que tejen un barrio y una red humana y social. Empezando por nosotros mismos, la Asociación Vecinal Madrid Sur, tan bien rodeados de vecinos que comparten estas manzanas, como Alboreá, Coordinadora Infantil y Juvenil de Vallecas, La Kalle, Ajoblanco, el CSOA Atalaya, un poco más allá En la Brecha y las magníficas asociaciones de Alto de Arenal, los vecinos imprescindibles de Radio Vallekas, Vallecas todo cultura y El Desván. Casi ná y sin empezar a andar, tan sólo leyendo “la luna vino a la fragua” y el sol de Vallecas hace un homenaje a Federico García Lorca.

Iniciamos la cuesta abajo, bordeando la valla del CEIP Javier de Miguel, y admiramos el huerto que cuidan entre todas. Y al lado otro huerto, el que un día pusimos en marcha con la RSP y otras organizaciones, “enredando en la huerta”. Al otro lado los chalets de Los Pitufos

Enfilamos por el Paseo Marítimo (calle Payaso Fofó) y desde la esquina del Jimmy Jazz saludamos a lo lejos el estadio del Rayo Vallecano. Bajamos Sierra Bermeja, y en las calles perpendiculares aún se ven construcciones de ladrillo vallecano de fines del siglo XIX.

A nuestro grupo de turistas, le enseñamos “la Asociación”, el local de Sierra Carbonera 32, espacio de músicas, teatros y asambleas. Incluso de celebración de algún cumpleaños infantil. Hoy es la sede de tantas y tantas asociaciones ligadas a los compas de la Asociación Vecinal Puente de Vallecas. Saludamos a los amigos del Orgullo Vallekano, La Dialéktica, El Espacio, las RFeas y nos vamos camino de la Av Albufera. Un guiño a la Esquina del Zorro y a Yayo, que se han bajado al Bulevar, para celebrar la Feria del Libro.

En la Av Albufera está el Vallecas I, antiquísimo instituto que en su día fue una checa y un convento, y conserva sus sótanos, refugio de los bombardeos en Vallecas.  Al lado la plaza de Amaia Imaz con el mural por la Igualdad, recien estrenado. Claro que Vallecas tiene nombre de mujer, y si dicen que los vallecanos somos combativos, es porque las primeras fueron nuestras madres y abuelas.

Cruzando la Avenida, en Picos de Europa, una enorme y horrible escultura con forma de torre eléctrica llena de cables, hace pensar que el tiempo se detuvo en este lugar o será tan sólo el abandono de decenas de años. Visitamos el portón verde del Centro Social La Brecha, lugar para la canción, el apoyo a estudiantes, el cine, el consumo responsable, y tantas cosas como nos traen las nuevas asociaciones ciudadanas.

Nos vamos hacia otro centro social, pero antes saludamos a la librería Diwan, escondida y sin nombre para defender mejor las joyas que atesora. Por la parte Oeste del barrio de Numancia, bajando en dirección al arroyo de Abroñigal, o sea calle 30, encontramos un barrio de casas bajas, patios ajardinados, alguna calle mal asfaltada que recuerdan cuando Vallecas no era Madrid en la primera mitad del siglo XX. En la calle Montseny está la Villana de Vallecas, que tomó su nombre de  una obra de Tirso de Molina, pero está a la vanguardia de luchas ciudadanas. Para empezar por el derecho a la vivienda, como sede de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. No en vano el edificio ocupado y rescatado de calle Sierra de Llerena 7 se encuentra cerca.

Bajamos al Sputnik, en esta zona de Vallecas los espacios públicos están ausentes, zonas verdes, parques, colegios públicos, no existen, y parece que a nadie se le ocurrió que había que ponerlos. Y son los vecinos los que construyen estos espacios con permiso o sin él, que la libertad no es que te dejen, sino que te la ganas. En la calle González Soto, 19 se ha transformado un solar abandonado por la crisis en un cuarto de estar, con zona verde que cuidan y disfrutan los vecinos. Aquí tuvimos la suerte de saludar a Dimas, que acompañaba a Murales Liam. Vimos como crecía y cambiaba la pared de sentido, pintando sobre el muro blanco a una alegre abuela cubana, que seguramente siempre vivió la vida como se merecía. Una pequeña broma sobre estos turistas que llegan al espacio común, ahora somos los buenos, mañana quizás lleguen otros turistas a apropiarse de nuestro Barrio.

Callejeamos para volver a la Avenida de la Albufera, y acabamos bajando hasta Peña Prieta, algunos reparan en las pinturas casi rupestres de los pilares del puente. Subimos y en el número 3 admiramos la casa roja, ahora cubierta por un tela verde que la hace aún más fantasmal de lo que es. Los recuerdos de Onda Verde Vallekana y del hervidero de asociaciones juveniles que fue un día nos hacen sentirnos un poquito tristes.

De nuevo cruzamos la Avenida que centra la vida de Puente de Vallecas, y por la calle Melquíades Bienciento, alcalde de Vallecas, llegamos a la iglesia de San Ramón Nonato. Vemos algunas vecinas que entran a misa o salen de la iglesia y al lado las moles de lo que un día fueron magníficas salas de cine, el Bristo y el Río, cerradas y abandonadas, en este barrio de cine, en el que no hay salas pero más de veinte compañías de teatro realizan actividad, sin locales de ensayo ni escuela de música y todas las semanas hay conciertos.

Un suspiro, por el edificio que se apropiaron para especular frente a la Iglesia, y subimos al Bulevar para terminar el paseo, o continuarlo. Porque Vallecas no te deja parar, si pensábamos descansar en las sombras de los plátanos del bulevar, sentarnos en una terraza y sacarle los cuernos a Angeles Hidalgo, nos encontramos con la feria del libro, paradoja excelsa quizás de un barrio en el que dicen las estadísticas que no se lee, pero los que leen deben ser la leche, porque aquí vuelan los libros y el sábado en la Plaza del Cine, también los hicimos volar junto a los poemas de Concha Morales y los globos de Julio Verne.

Al final, quedamos con más ganas que nunca de que la utopía sea realidad, y descansar tumbados en la playa, junto al puerto de mar que es Vallecas.

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