Un Barrio de Cine. Candilejas.

Calle de Candilejas, calle del barrio de Madrid Sur en el distrito de Puente de Vallecas que comienza en Hnos Trueba y termina en Puerto de Balbarán.

Candilejas es una de las calles más largas del barrio. Con cuatro carriles de circulación, divididos por un bulevar en su tramo final, es conocida como la montaña rusa, por los montículos construidos a lo largo de su calzada con el fin de evitar carreras de automóviles y motos, templar el tráfico lo llaman los técnicos, y romper amortiguadores los vecinos.

Es una calle amplia y soleada, según bajamos por ella, a la izquierda está el Parque de Payaso Fofó y a la derecha casas con soportales en los que se refugian locales comerciales y algún bar que aprovecha la acera ancha para sacar sus terrazas. Al final de la bajada llega a la Plaza de la Asamblea, punto neurálgico del barrio con edificios y centros básicos para el barrio.

La Asamblea de Madrid, lugar de protestas habituales de los vecinos de Vallecas, esperemos poder felicitar a los parlamentarios algún día.

El Centro Comercial Madrid Sur, que esperemos abra camino a la recuperación del comercio del barrio.

El Centro médico Angela Uriarte, donde nos curamos casi todos.

Continúa la calle hasta estrellarse con la estación del tren, en el cobertizo que sustituyó al añorado soterramiento de las vías, un infranqueable muro de cemento en el que falta la puerta que evite un gran rodeo a los vecinos de Madrid Sur y Palomeras para subirse al tren. A la izquierda queda la instalación deportiva José Durán, una gran escuela de fútbol para niños, necesitada de césped, aunque sea artificial. Está prevista la mejora de la instalación y de su gestión para todos.

Candilejas, dirigida en 1952 por Charles Chaplin, y protagonizada por él mismo y Claire Bloom, es tan solo la historia de una bailarina y un payaso.

Así de sencilla y hermosa es esta película, Chaplin crea el personaje de Calvero, heredero de Charlot, el viejo payaso amante del circo y de la vida, que nos hace reir y llorar con cada mueca, temblar con cada gesto. Calvero es cuidadoso con su oficio, ama el circo y el espectáculo debe continuar, lo mismo para un millón de espectadores, que para uno solo. Igual en el mejor teatro de Nueva York, que en una carpa de pueblo. Pero si ama meticulosamente, y con toda su alma el circo, aún ama más la vida y se aferra a la oportunidad que le brinda Thereza, la bailarina que no puede bailar, a la que Calvero cuida y anima no sólo para que baile, sino que encuentre una vida feliz.

Nadie mejor que Chaplin para explicarnos la tristeza del final de la vida y del éxito, mitigada por el triunfo de la juventud y la belleza. La banda sonora nos hace estremecernos con cada nota y emocionarnos a lo largo de toda la película y aún después de encender las luces. A pesar de su final previsible no pierde emoción y es que como dice Calvero “el tiempo es el mejor guionista, siempre encuentra el final perfecto.”

Como muestra y homenaje a los maestros, la maravillosa escena en la que mano a mano Charles Chaplin y Buster Keaton interpretan un dueto musical. Como dice Chaplin “hay algo tan inevitable como la muerte, ¡la vida, la vida!”

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